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Historia y trayectoria

Esquina Latina: Arte con Proyección Social

Esquina Latina surge en 1973 por iniciativa de algunos estudiantes de la Universidad del Valle. Hoy, luego de cuarenta años de trabajo artístico experimental y más de veinte años de Animación Sociocultural, ha logrado consolidarse como grupo teatral independiente, en permanente actividad artística y con un grado importante de sostenibilidad económica, gracias al fortalecimiento de un equipo profesional de actores y a su estructura organizativa multidisciplinaria.

Se trata de una entidad consecuente con el pulso de la realidad y la comprensión del mundo como un proceso cambiante, que reconoce en los sectores que luchan contra la marginalidad y la exclusión la fuerza transformadora de la historia. Asimismo, la búsqueda artística parte de un compromiso permanente con el contexto socioambiental, pues tomando partido por las nobles causas de la humanidad es como encontramos fuentes claras de creación y de placer estético.

Así, fomentamos y practicamos la fidelidad artística, caracterizada por la economía en el lenguaje, la militancia en el hedonismo de la creación y la toma de partido por causas sociales, en favor de la justicia y la equidad, resistiéndonos a modelos de éxito impuestos por el mercado de lo “cultural

Para este accionar se cuenta con áreas especializadas en comunicación social y esceno- técnia, así como en lo administrativo y financiero, en las que se conjuga ética y eficacia para el mejoramiento continuo de los procesos operativos, propios de una organización teatral con proyección social que actualmente genera treinta y dos empleos directos— con todas la garantías laborales que exige la legislación colombiana— y cerca de veinte indirectos. Los recursos de funcionamiento provienen de la prestación de servicios culturales y de la cogestión de programas socioculturales con el sector público y privado a escala nacional e internacional.

En cuanto a la forma de operar, podemos precisarla en tres ejes de trabajo o programas institucionales articulados entre sí, de tal manera que sólo son divisibles en razón de análisis, así:

  1. El laboratorio teatral o proceso de investigación y formación actoral permanente, desarrollado como un modo de producción que privilegia el proceso de Creación Colectiva, en procura de resultados de relevancia estética, con contenidos significantes que establezcan relación estrecha con el público. Por este sendero se ha creado un sinnúmero de montajes premiados y reconocidos tanto por su puesta en escena como por su alcance literario. En la actualidad se mantienen en repertorio trece obras de teatro y de títeres, reconocidas por su calidad en certámenes locales, nacionales e internacionales.

  2. El teatro en comunidades de base. Es un trabajo de interacción con niños y jóvenes, mediante la Animación Teatral, en el Distrito de Aguablanca, otros sectores de población vulnerable de Cali y ocho municipios del Valle del Cauca, como parte del Programa Jóvenes, teatro y comunidad. Actualmente, existen doce procesos grupales de animación teatral de la Red Popular de Teatro, que cuenta con una base social de más de cuatro- cientos jóvenes y un cualificado equipo artístico de animadores teatrales, constituido por jóvenes, hombres y mujeres formados integralmente en el programa.

  3. La pedagogía escénica. Son aquellas actividades que el Teatro Esquina Latina lleva a cabo en el amplio campo de la educación, como talleres de sensibilización teatral, talleres de sociodrama, talleres de animación teatral y de dramaturgia, entre otros. Así como la producción de obras de teatro educativo, sobre temas de interés y urgencia social.

Los tres ejes están ligados estructuralmente a la gestión cultural, con la correspon- diente dedicación de tiempo, trabajo, condiciones y estrategias creativas y, sobre todo, de disciplina para desafiar las nociones de sentido común que tienden a descalificarla, ya que en algunos círculos artísticos, especialmente teatrales, suele desestimarse la gestión cultural y sus procesos administrativos por considerarla una actividad prosaica, sospechosa e indigna de la condición del artista; como trampa diabólica de vulgares comerciantes que contamina y prostituye la creatividad.

No obstante, la apuesta política como grupo teatral exige a sus artistas interactuar con las comunidades de base, en el contexto de una sociedad subdesarrollada económicamente y regida por las leyes del mercado que impone la doctrina neoliberal, donde la obra de arte se comporta, quiérase o no, como un producto. Por contera, las políticas culturales del Estado que podrían ponderarlo en una dimensión más amplia, socialmente hablando, son inoperantes e ineficientes.

En consecuencia, el mayor reto como institución teatral independiente es afrontar la creación teatral como práctica integral que garantice la cohesión grupal bajo una filoso- fía de trabajo colectivo, donde el desarrollo es desigual, sostenido por una metodología constructivista —aprender haciendo—, para consolidar el equipo y afianzar una apuesta estética. Por otra parte, está el pragmatismo de inventar una estrategia de mercado que garantice la sostenibilidad económica.

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